11 de octubre de 2017

¿explíquenos lo del ave dominicana donde el macho vive en Nagua y la hembra en Jimaní?



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Ese es el misterio de la Sierra de Bahoruco, cuya biodiversidad desvela a los científicos por la extraordinaria riqueza de plantas y animales que no existen, ni siquiera en otros puntos de la geografía dominicana. Además del Zorzal de la Selle, en Bahoruco también anida y se reproduce el Diablotín (Pterodromahasitata), un ave pelágica o de alta mar, que visita estas montañas desde los tiempos en que las mismas eran cayos o islotes emergidos de los mares (30 millones de años).



Es muy curioso que macho y hembra vivan tan distantes, pero lo cierto es que todo aquel que observe detenidamente la naturaleza, no le queda otra opción que vivir de sorpresas en sorpresas, misterios, curiosidades y leyendas fantásticas sacadas de los cuentos infantiles del Nirvana.
Esa avecilla es el Zorzal, que pertenece a una familia (Turdidae) cuya historia natural discurre en las regiones templadas del planeta (Europa y América del Norte). El tordo dominicano (Catharusbicknelli) es una hermosa turista estadounidense que se aloja en las montañas de la Cordillera Septentrional (el macho) y la Sierra de Bahoruco (la hembra).
¿Cómo se explica este fenómeno? Cosas de la naturaleza, porque ellas se deleitan en los bosques de altas montañas dominicanas por separado, pero cuando regresan a su lar natal, se juntan para reproducirse. Es decir, aquí están separadas pero allá se juntan. Decimos que es dominicana porque ella es fiel (viene todos los años), pero lo normal es que durante el verano se le vea corriendo en los campos de golf, patios, jardines y bosques de Norteamérica, deleitando a los amantes de este deporte de altos estándares y que comparten con ella buena parte de su tiempo.
Los tordos se comportan exactamente contrario a los bubíes de los Cayos 7 Hermanos, que nacen o se reproducen aquí, pero viven de turistas en Norteamérica. Es decir, los tordos nacen allá y viven aquí, pero los bubíes nacen aquí y viven allá. Aunque tenemos tordos verdaderamente dominicanos, como el Turdusswalesi, que evolucionó en la Sierra de Bahoruco, es endémica y nunca se le ha ocurrido viajar a Norteamérica.
Para el caso que nos convoca, el tordo de bicknell, se ha creado una reserva forestal entre Loma Quita Espuela y Loma Guaconejo, donde tiene su mayor población, para garantizar su conservación.

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